Los problemas científicos existen desde la Antigua Grecia. Una de los primeros problemas científicos de esa época tenía que ver con la posición de la Tierra dentro del sistema solar. Los estudiosos, como Aristóteles y Ptolomeo, observaron que los objetos del espacio se movían en relación con la Tierra. Advirtieron que la posición de estos cuerpos celestes —como el Sol, la Luna y los planetas conocidos— cambiaba a lo largo del año. A partir de lo que sabían y de las tecnologías disponibles en aquel entonces, llegaron a la conclusión de que la Tierra estaba en el centro de nuestro sistema solar. Esta teoría establecía que todos los demás cuerpos celestes, incluido el Sol, describe una órbita circular perfecta alrededor de una Tierra estacionaria. Este modelo, conocido como el modelo geocéntrico (término compuesto por el prefijo geo, que significa «Tierra», y el sufijo céntrico, que significa «centro») se consideró válido por más de 2,000 años.