Había una vez un hombre llamado Javier, quien era conocido en su barrio como "el bailador eterno". Desde pequeño, le __________ bailar. Cada mañana, mientras __________ el café, __________ las caderas al ritmo de una salsa imaginaria. cada vez que __________ en la oficina, sus dedos tamborileaban sobre el teclado al ritmo de una melodía que solo él __________. Hasta cuando __________ la tele, sus pies seguían el ritmo de cualquier canción que sonara en un comercial.
Javier no podía evitarlo. Incluso cuando __________ ejercicio en el parque, __________ pasos de baile con su rutina de estiramientos. Sin embargo, lo más curioso era que __________ mientras __________. Una noche, su compañero de cuarto, Andrés, lo grabó moviéndose al ritmo de una bachata mientras roncaba. La grabación se hizo viral, y Javier __________ en la sensación del momento.
A pesar de su fama, Javier __________ a sentirse agotado. Bailar tanto le estaba causando problemas en sus rodillas, y su jefe ya no toleraba sus movimientos constantes durante las reuniones. Un día, mientras se __________ en el espejo, __________: "Tal vez necesito cambiar." __________ intentar algo nuevo.
Al día siguiente, __________ en un taller de meditación. Era un desafío para él quedarse quieto, pero por fin, __________ a disfrutar del silencio. Solo tres veces __________ los dedos sin darse cuenta. Descubrió que la tranquilidad también podía ser hermosa.
Eso no significaba que dejara de bailar por completo. Ahora reservaba sus pasos para ocasiones especiales, como bodas o fiestas con amigos. Javier comprendió que el equilibrio era la clave, y aunque nunca dejó de amar el baile, aprendió a disfrutar de la vida desde otra perspectiva.