El día de votar
Un cuento sobre el derecho al voto
Sofía vivía en un barrio tranquilo con sus padres, su hermanito Leo y su abuela Carmen. Tenía diez años, amaba leer, hacer preguntas, y escribir en su diario. Un martes por la mañana, su maestra, la señora Rivera, escribió en la pizarra:
—Hoy vamos a hablar sobre algo muy importante —dijo la maestra—. ¿Alguno de ustedes sabe qué significa votar?
Un niño levantó la mano. —¿Es como cuando votamos por la mascota de la clase?
La maestra sonrió. —¡Exactamente! Cuando votamos, elegimos. En nuestro país, cuando eres adulto, puedes votar para elegir líderes, como el presidente, el alcalde o miembros del gobierno. También votamos sobre leyes nuevas.
—¿Todos pueden votar? —preguntó Sofía.
La señora Rivera hizo una pausa. —Hoy sí. Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que las mujeres, las personas de piel oscura, o quienes hablaban otro idioma, no podían votar. Tuvieron que luchar mucho para conseguir ese derecho.
La clase se quedó en silencio.
—¿Cómo lucharon? —preguntó otra niña.
—Marcharon en las calles, escribieron cartas, hablaron en reuniones, y algunas personas incluso fueron a la cárcel por defender el derecho al voto. Fueron muy valientes.
Sofía no podía dejar de pensar en eso. ¿Cómo era posible que alguien no pudiera votar solo por ser mujer o tener otro color de piel?
Una conversación con la abuela
Esa tarde, cuando llegó a casa, Sofía encontró a su abuela tejiendo en su silla favorita.
—Abuela, ¿alguna vez te dijeron que no podías votar?
—A mí no, pero a mis padres, sí —dijo la abuela Carmen—. Ellos nacieron en un tiempo en que muchas personas latinas no tenían acceso fácil al voto. Les ponían pruebas difíciles, cobraban dinero, o no les daban información en español.
—¿Eso no es injusto? —preguntó Sofía.
—Muy injusto. Por eso muchas personas lucharon. Marcharon juntos en lugares como Selma y Washington, D.C. Algunos fueron golpeados o arrestados, pero no se rindieron. Sabían que el voto era poderoso.
—¿Y tú, abuela? ¿Votaste cuando cumpliste 18?
—¡Por supuesto! Y lo hago en cada elección. Votar es como plantar una semilla. Puede parecer pequeña, pero puede cambiar todo un país.
Sofía miró a su abuela con admiración. Nunca había pensado que una papeleta de voto pudiera tener tanta fuerza.
Un proyecto especial
Al día siguiente en la escuela, la señora Rivera dijo:
—Vamos a hacer un proyecto especial. Cada uno va a entrevistar a alguien que haya votado, y después escribirá una historia sobre lo que aprendió.
Sofía escribió sobre su abuela. En su historia, habló sobre el pasado, las luchas por los derechos civiles, y cómo hoy muchas personas aún tienen que luchar para que todos puedan votar sin dificultad.
Cuando leyó su historia en voz alta frente a la clase, algunos compañeros aplaudieron.
—¡Tu abuela es muy valiente! —dijo una niña.
—¡Qué buena historia! —dijo el maestro de arte que había entrado al salón.
Un sueño para el futuro
Esa noche, Sofía escribió en su diario:
"Hoy aprendí que votar es más que poner un papel en una caja. Es decirle al mundo lo que piensas. Es cuidar a los demás. Es construir el futuro. Cuando cumpla 18, yo también votaré. Porque mi voz cuenta."
Y así, Sofía decidió que algún día no solo votaría, sino que también ayudaría a otros a entender lo importante que es hacerlo.