El caso de Dred Scott
Monica Halpern
El 6 de marzo de 1857, la Corte Suprema de Estados Unidos tomó una decisión que asombró a la nación. Dred Scott, un esclavo afroamericano, había ido a la corte a pedir su libertad en
1846. Once años después, el tribunal decidió en su contra. Dijo que los afroamericanos, libres
o esclavos, no podían convertirse jamás en ciudadanos de Estados Unidos. Los afroamericanos no tenían derechos legales. Por eso, no podían pedir a un tribunal su libertad. Dred Scott debía seguir siendo esclavo.
La esclavitud era un tema muy debatido en el país y cada día el debate se hacía más complejo y acalorado. En ese entonces, la mitad de los estados permitían la esclavitud y la otra mitad, no. Al crecer la población del país, se agregaban nuevos territorios y estados. ¿Deberían permitir la esclavitud o no? ¿Serían esclavistas o no esclavistas? Hacia 1840, aunque los líderes no se ponían de acuerdo, hallaban modos de ceder en el tema. Pero con el tiempo, las diferencias aumentaban y era más difícil llegar a acuerdos.
Los sureños y los norteños estaban cada vez menos dispuestos a ceder. Algunos creían que la única solución era que el país se dividiera en dos: con y sin esclavos. Muchos líderes del Sur amenazaban con la secesión —la separación de la Unión de los estados esclavistas—. Justo en ese momento crucial llegó el caso de Dred Scott a la Corte Suprema, el tribunal superior del país.
El caso de Dred Scott decidiría el destino de un solo hombre, un afroamericano que luchaba por su libertad. La Corte Suprema, sin embargo, lo tomó con la esperanza de usarlo para resolver el tema más importante del momento: si los territorios y estados nuevos serían esclavistas o no esclavistas. Pero su decisión avivó las llamas.