Durante los siglos XV y XVI, los europeos comenzaron a explorar el mundo más allá de sus fronteras. Una de las principales motivaciones era la búsqueda de riquezas, especialmente y , que eran muy codiciados en Europa. Estos recursos no se encontraban fácilmente en el continente, así que los exploradores buscaban nuevas rutas para obtenerlos directamente de Asia.
Además de la , muchos europeos estaban motivados por la . Querían extender el a otras partes del mundo, creyendo que era su deber espiritual convertir a los pueblos indígenas. Los reyes y la Iglesia apoyaban estos viajes porque pensaban que ganarían el favor de Dios al difundir su fe.
La política también jugó un papel importante. Los países querían aumentar su poder al conquistar nuevos . y España fueron líderes en la exploración, pero otros países como Francia e Inglaterra también querían participar. Esta entre naciones impulsó a los exploradores a viajar más lejos y más rápido.
La también movió a muchos exploradores. Historias asombrosas de tierras lejanas, contadas por viajeros como , llenaron de esperanza y emoción a los navegantes. Además, los mapas antiguos mostraban regiones desconocidas, llenas de misterios, que invitaban a descubrirlas. Así comenzó la Era de la Exploración.